COMPETENCIA

COMPETENCIA: Aplicar modelos de evaluación y acreditación que coadyuven al logro de la calidad educativa de programas e instituciones mediante la implementación de procesos de mejora continua regulados por organismos evaluadores y acreditadores establecidos a nivel nacional con base en las orientaciones de la política pública.







domingo, 20 de febrero de 2011

LECTURA 1. LA CALIDAD EN LA EDUCACIÓN SUPERIOR

La calidad se ha convertido en una preocupación fundamental en el ámbito de la educación superior. Esto se debe a que la satisfacción de las necesidades de la sociedad y las expectativas que suscita la educación superior dependen, en última instancia, de la calidad de los elementos que conforman los establecimientos universitarios, es decir, del personal docente, de los programas, de los estudiantes, de la infraestructura y del medio (UNESCO, 1998).

Una de las dificultades para formarse una idea de la calidad en sentido estricto y referida específicamente a las universidades, es la multiplicidad de acepciones de este término que se encuentra en la literatura especializada. Tal diversidad puede explicarse por el hecho de que no se hacen distinciones cuidadosas, precisas y necesarias sobre su contenido, es decir, no es lo mismo hablar de la calidad de un programa, que la de una institución o de un aprendizaje (Orozco, 2005). De ahí que Tünnermann (n.d.) sostenga que, el concepto de calidad de la educación debe asumirse como un concepto relativo, histórico, dinámico y complejo.

De un modo simple, la calidad en educación se entiende como el logro de los objetivos que cada uno tiene (Levy, 1996) y más sencillamente, se refiere a cumplir con lo que se ha ofrecido (Pallán, 1999). Sin embargo, en el contexto de la educación superior es necesario precisar el concepto. Una primera acepción en este sentido, es la propuesta por Tejedor (1997 citado en Cong, 2003), quien afirma que una institución universitaria sólo puede alcanzar un razonable nivel de calidad cuando los elementos  humanos, financieros y físicos, la enseñanza y la investigación, la organización y la dirección, sean los apropiados para los fines que la institución persigue.

Desde la perspectiva de las políticas educativas mundiales, la calidad de la educación superior es entendida como la capacidad que tienen las instituciones para preparar al individuo, destinatario de la educación, de tal modo que pueda adaptarse y contribuir al crecimiento y desarrollo económico mediante su incorporación al mercado laboral (Alarcón & Méndez, n.d.). De acuerdo a estas definiciones, la racionalidad y congruencia de los fines con los medios de una institución universitaria, así como su pertinencia  respecto a las necesidades económicas y sociales del contexto, determinan en gran medida su calidad.

Se puede afirmar entonces, tal como lo hacen en el Centro Interuniversitario de Desarrollo (CINDA, 1994), que para entender el concepto de calidad en el nivel superior, es preciso considerar elementos de integridad, coherencia y eficacia. La integridad se refiere a incluir todos los factores necesarios para el desarrollo del hombre; la coherencia hace alusión a la congruencia entre fines, objetivos, estrategias, actividades, medios y evaluación; y la eficacia, apunta al logro de fines mediante la adecuada función de todos los elementos comprometidos. Al respecto, Pablo Latapí (1994), afirma que es necesario entender el concepto de calidad como la convergencia de los cuatro criterios que suelen servir de referencia para evaluar el desarrollo de la educación: relevancia, eficacia, eficiencia y equidad.

En el enfoque de la evaluación y acreditación, la calidad  hace referencia a la síntesis de características que permiten reconocer un programa académico específico o una institución de determinado tipo, y hacer un juicio sobre la distancia relativa entre el modo como en esa institución o en ese programa académico se presta dicho servicio y el óptimo que corresponde a su naturaleza (CNA, 2003). Es decir, considera el grado en que una institución o programa educativo desarrolla sus funciones de manera óptima.

Aún cuando la definición anterior lleve implícita la idea de que existen ciertos parámetros de comparación para reconocer los niveles de calidad, no debe olvidarse que este término está lejos de ser absoluto y por tanto, se ve condicionado por variables de tiempo y espacio. Su referente principal, entonces, lo establecen las propias instituciones al definir qué van a hacer, es decir, al definir su misión, objetivos, metas y estrategias; esto a pesar de que pueda haber aspectos en los que es necesario atenerse a exigencias establecidas por agentes externos(CINDA, 2003). La calidad debe medirse en términos del logro de los fines institucionales y del cumplimiento de la misión y la visión, sin dejar de lado las consideraciones externas que puedan conducir a su aseguramiento.





Fuente:

Bolaños G, I. (2008) Cap. IV. Acreditación, evaluación y autoevaluación de la educación en medicina En La autoevaluación en el proceso de acreditación de la Licenciatura en Médico Cirujano. Tesis, Universidad Pedagógica Nacional, Unidad 201. Oaxaca, México.





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